Todo lugar de costa, pueblos pesqueros, playas tan deseadas para desahogar la canícula, son, en invierno, una inteligente elección, una alternativa con premio. Siempre, con vistas al mar. En esa Costa Brava de veranos de ritmo acelerado, hay en invierno otro mundo por descubrir. Las 48 horas que pasaremos en la población de Lloret de Mar nos pedirán salir en busca de muchos más destinos de mar en esos inviernos que destapan el alma, lo más auténtico de cada lugar. Pero este, veréis, esconde además un pasado fascinante.
El abundante laurel (llorer en catalán) que había en todo su entorno nos da la primera pista sobre el origen del nombre de Lloret, inseparable del Mar. Cuando conozcamos su historia, lo entenderemos todo.

Idílicas vistas del mar desde lo alto de Lloret de Mar. Lloret Turisme
Viernes tarde
Desconexión. Dejamos atrás la tensión de toda la semana para relajarnos frente al mar. Ese mar Mediterráneo que incluso podemos contemplar desde una acogedora habitación de hotel como las del Melià que, ubicado en la parte alta de Lloret, nos concede una excelente perspectiva. Y los chorros de agua en la piscina de su Spa, su sauna y su espacio bienestar donde rendirse a un masaje, sus jardines y restaurantes hacen de él una muy buena elección.
Opciones para alojarse en Lloret no faltan. Es sorprendente su cantidad de plazas hoteleras, y desde muchos de sus alojamientos, como el Marsol o el GHT Miratge, se puede disfrutar de esa vista sobre el mar. Ahora en invierno, solo hay que asegurarse que, en ciertas fechas, no estén haciendo su descanso anual.

Hotel Melià con vistas al mar. Lloret Turisme
Tomado el pulso del latir marino, hasta ver desaparecer la luz del día, nos preparamos para saborear platos marineros, verduras de proximidad, una gastronomía saludable por la que muchos restauradores de Lloret de Mar apuestan.
Una veintena de restaurantes, además, cuentan con la certificación en AMED de la Agencia de Salud Pública de Catalunya que certifica su oferta gastronómica propia de la alimentación mediterránea. Este 2025, Lloret tiene previsto inaugurar un nuevo mercado municipal que combinará la venta de productos de proximidad con la degustación gastronómica. La población ya es conocida por dedicar, en mayo, unas jornadas gastronómicas al arroz, y en octubre, otras jornadas promocionan el pescado y marisco locales.
Después de cenar, damos un último saludo al mar, a lo lejos y en ya la oscuridad de la noche. Y regresamos al hotel en un tranquilo paseo que favorece nuestra digestión, camino al descanso nocturno. Mañana más.

Fideuá de marisco, una de las especialidades gastronómicas de Lloret de Mar. Lloret Turisme
Sábado por la mañana
Después de un buen desayuno con calma sabática, nos dirigimos de nuevo hacia el mar. A las puertas del Museo del Mar, nos espera la persona que guiará nuestra inmersión en el origen y pasado de la capital de la Costa Brava en la que nos hallamos. Iremos de viaje sin apenas caminar, porque nuestro transporte será, sobre todo, las historias que nos contará nuestra guía.
No entramos en el Museo del Mar, porque hoy esta emblemática casa colonial es solo nuestro punto de encuentro. Pero ya lo visitaremos. Esta mañana la aprovechamos para unirnos a una de las visitas guiadas que los sábados por la mañana organiza la oficina de Turismo de Lloret de Mar para dar a conocer ‘El Lloret de los indianos’.
Los indianos –en Lloret llamados ‘americanos’–, son los habitantes de Lloret que, a mediados del siglo XVIII, decidieron embarcar rumbo a América para hacer fortuna allí. Dejaban atrás una población eminentemente rural, que vivía del cultivo del campo y de la pesca. Durante diez o quince años, muchos emigraron a diferentes destinos de ultramar, sobre todo a Cuba. Algunos de ellos trabajaban en la embarcación a lo largo del viaje para pagarse el pasaje. En el continente americano, quienes pudieron crearse un futuro mejor, al regresar a Lloret hicieron construir sus casas a los mejores arquitectos, casas estilo colonial y modernista.

Sant Romà Lloret es un ejemplo perfecto de arquitectura modernista llevada a cabo gracias a los indianos. Lloret Turisme
Aquellos viajes en barco eran también el motor del comercio de productos de ultramar. Y en el paseo de las palmeras por el que hoy paseamos, junto al paseo marítimo, entre el Museo del Mar y el edificio del ayuntamiento de Lloret, se fabricaban las embarcaciones. Fueron muchos y fructíferos años los que la población vivió de la construcción naval. Entre 1830 y 1960, en esos astilleros se construyeron 150 grandes veleros. La población tuvo también dos fábricas de tapones de corcho en las que trabajaron 150 personas.
Situándonos en aquella fecunda época, mientras callejeamos por el núcleo antiguo de Lloret, pasamos por la iglesia gótica de Sant Romà. En su lateral, sorprenden las cúpulas y decoración modernista de una capilla adosada que se pudo construir gracias a la donación de uno de aquellos indianos que se enriqueció en América, y que nunca regresó, pero quiso hacer su aportación a su población natal.
A continuación, entramos en Can Font. Es la única casa colonial visitable de Catalunya hecha construir por un indiano, Nicolau Font, en 1877, pero que hoy es de titularidad pública. Desde el año 2016, está abierta como museo. Font, conocido popularmente como ‘el conde de Jaruco’, fue un hombre muy rico. En Cuba, heredó plantaciones de un tío y fue propietario de barcos.

Magnífico interior de Can Font. Lloret Turisme
En la escalinata de acceso a la casa, ya nos hacemos a la idea de que no se escatimó en materiales, ni en detalles de construcción. Madera de cedro y vitrales modernistas al entrar, gres de Nolla (cerámica de Valencia) en las escaleras y muebles hechos en Nueva York en algunas estancias, nos van descubriendo las maravillas de Can Font.
Tal como nos va contando nuestra guía, la mayoría de muebles son originales de la propia casa, pero otros llegaron de donaciones de gente del pueblo y de la otra casa colonial, Casa Garriga, que es donde hoy está ubicado el Museo de Mar, que en otro momento visitaremos. Ahora, nos recreamos en la vivienda de la familia Font, en su sala de música, en la estancia preparada para que los caballeros fumasen, la cocina, los cuartos de dormir, y su baño, con una grifería espectacular. Y vamos alzando la vista a los techos porque son espectaculares, todos diferentes. El de la sala de confianza, donde se celebraban las misas, es de estilo rococó.
Can Font fue la primera propiedad de Lloret que tuvo luz eléctrica, y al servicio de sus dueños hubo hasta trece criados. Otra curiosidad es que el poeta Jacint Verdaguer se alojara en ella en una ocasión.

Detalles de los techos de Can Font. Lloret Turisme
Son tres plantas y la terraza, que nos han dejado las retinas impregnadas de arte e historia en espacios de vida cotidiana. Todo lo aprendido en esa completa visita guiada lo podremos repasar tomando un vermut en alguna de las terrazas junto a ese paseo en el que antaño se construyeron tantos barcos.
Antes de comer, nos acercamos al mar. Apetece volver a respirar brisa marina en esa playa vacía que descansa en sus meses sin turistas. Aún en pleno invierno, en esos mediodías de sol radiante, acercar nuestros pies desnudos al agua es algo muy tentador.
Luego sí, saborear un arroz marinero, o unas gambas, una sepia fresca o cualquier otra variedad de pescado de proximidad, podremos hacerlo igualmente dejando caer la mirada en aquella línea horizontal sobre el azul marino que, a lo lejos limita con el azul claro del cielo.

Uso de artes de pesca tradicionales en Lloret de Mar. Lloret Turisme
Sábado tarde
No hay mayor serenidad que el tiempo que transcurre en el cementerio. Y el de Lloret tiene su guinda, es un museo modernista al aire libre. Aquellos mismos indianos que habían regresado de América con tanta riqueza, pudieron plasmarla en sus casas, pero también en los magníficos panteones, y tumbas con espectaculares esculturas que encargaron a célebres artistas para que también en el cementerio de la población quedara constancia del poder económico que esas familias habían conseguido.
La visita guiada entre hipogeos no tiene desperdicio y nos ilustra en numerosos detalles y curiosidades sobre quienes fueron ciertas personalidades nacidas o fallecidas en Lloret de Mar. Estamos paseando en una pequeña ciudad de quienes físicamente ya no están, pero cuyas historias nos acompañan en la visita.
De vuelta al hotel, para descansar antes de salir a cenar, todas esos esos relatos nos acompañarán todavía un rato en la mente. Entre los muros del emblemático cementerio, hemos seguido aprendiendo sobre la vida y la muerte. Las visitas teatralizadas a este espacio tan especial, como los conciertos nocturnos –en verano–, son una delicia.

Visita teatralizada al cementerio modernista de Lloret de Mar. Lloret Turisme
El caer de la noche va encendiendo las farolas en las calles de Lloret, y en la cena volvemos a sentir el mimo a los platos de siempre, enriquecidos por la variedad de productos naturales autóctonos. Hoy podemos degustar una de las combinaciones locales del mar y la montaña, culminada en elaboraciones como el célebre pollo con cigalas.
La ventaja de encontrarnos en una localidad como Lloret de Mar, tan acostumbrada a recibir a visitantes, es que ofrece una enorme variedad de alojamientos y establecimientos de restauración. Por citar solo algunos de ellos, por la calidad de su cocina y su ubicación, tenemos el Àtics Carpa, el Velamar, el restaurante del Hotel Santa Marta, en la playa de Santa Cristina, o el del Hotel Marsol, sobre ese antiguo paseo de los astilleros, a primera línea de mar.
En nuestro retiro a dormir, se agradece, de nuevo, hacernos conscientes de estar disfrutando de la calma de una población que, en su temporada alta, ni podría soñar con esta tranquilidad en sus calles y plazas.

Lloret de Mar al anochecer. Lloret Turisme
Domingo mañana
Un nuevo despertar cerca del mar es siempre un regalo. Después de un completo desayuno, hoy sí, el Museo del Mar nos espera para rendir juntos homenaje a esta población moldeada por el mar. Sus puertas nos adentran en otra de esas casas coloniales construidas por quienes hicieron fortuna. El propietario de esta, Enric Garriga, tuvo tres fábricas en la ciudad cubana de Cienfuegos. Eran de materiales de construcción, madera y cerámica.
El Museo del Mar merecía su lugar en Lloret de Mar, puesto que el mar le ha dado en gran mesura a esta población comida, trabajo y turismo. Pero no fue hasta finales del siglo XVIII que Lloret no tuvo sus primeras casas cerca del mar. Fue cuando, aquellos que habían vivido de las viñas, huertos y campos de cereal, se dieron cuenta de que él era muy buena fuente de ingresos.
En el Museo del Mar nos enseñan qué era y cómo funcionaba el comercio de cabotaje, el tipo de embarcación que se utilizaba en él y los productos que se transportaban, como vino, vinagre, aguardiente, carbón vegetal, leña, piñones… Todo ello se vendía o se intercambiaba por otros que llegaban de ultramar a puertos de Andalucía, como azúcar, tabaco, café, canela, algodón o petróleo. Y nos hacemos una idea de aquella frenética actividad marítima.

Vistas al mar desde el Camino de Ronda. Lloret Turisme
En un espacio del museo se recrea cabalmente una antigua taberna de la época, en la que fotos antiguas e imágenes reales, dan rostro y conversación sobre aquel ambiente de fructífera economía.
Tras la visita, salimos en busca del camino que bordea la costa, el Camino de Ronda desde el cual antaño se controlaba fácilmente la llegada de piratas y más tarde el contrabando que pudiera llegar en embarcaciones. Hoy son senderos privilegiados porque permiten reseguir el perfil de la tierra sobre el mar y así caminar contemplando los acantilados, la amplitud del mar, y calas y playas que va sorteando. Lloret cuenta desde el pasado verano con un nuevo tramo de camino de ronda de un quilómetro y medio que puede caminarse en 25 minutos y que va de Lloret hasta la playa de Fenals. Durante el recorrido, hasta 19 miradores y pasarelas con panorámicas sobre el litoral nos entretendrán muy satisfactoriamente antes de sentarnos a disfrutar, de nuevo, de la comida.
Domingo tarde
Comer pronto nos deja aún tiempo suficiente y un buen rato de luz para pasear en uno de los espacios más preciados de Lloret de Mar. Son los Jardines de Santa Clotilde, una belleza impresionante en una ubicación sensacional sobre un acantilado entre una preciosa cala y la playa de Fenals. Este será nuestro mirador excepcional desde el cual, antes de poner rumbo a casa, podremos volver a disfrutar de una maravillosa puesta de sol con una buena perspectiva, y rodeados de plantas y esculturas.

Jardines de Santa Clotilde, donde la naturaleza se encuentra con el arte. Lloret Turisme
Los jardines fueron diseñados siguiendo bastante fielmente los cánones de la naturaleza domada por los renacentistas italianos, al gusto de quien los encargó. Era el marqués de Roviralta, que se enamoró de una joven barcelonesa, Clotilde Rocamora, con la que se casó pero que, desafortunadamente, murió muy joven. El marqués acabaría teniendo una segunda mujer, pero fue a la primera a quien dedicó la obra de jardinería que encomendó al arquitecto Nicolau Rubió i Tudurí.
El Ayuntamiento de Lloret de Mar adquirió la propiedad de los Jardines de Santa Clotilde en 1997, tres años después de ser declarados por la Generalitat Bien Cultural de Interés Nacional. Ellos fueron uno de los escenarios más fascinantes de la serie La casa del dragón, la precuela de la serie Juego de Tronos, centrada en la casa Targaryen y basada en la novela de George R. R. Martin Fire & Blood, que ha llevado a las pantallas de todo el mundo la plataforma HBO. Lloret lo aprovechó para inspirar su visita guiada “Los jardines del dragón”.
Entre tilos, álamos, pinos y cipreses, fuentes y estatuas, nos acabamos de convencer de lo acertada que ha sido nuestra elección de destino, ese Lloret cargado de historias de hombres y mujeres que persiguieron sus sueños. El nuestro ahora puede que sea volver de nuevo a reseguir más fragmentos de Camino de Ronda o visitar las ruinas del castillo de Sant Joan y subir todos los escalones de su escalera interior. Nos aguardará también la ruta que recorre pequeñas iglesias y ermitas, y múltiples itinerarios en senderos de la montaña de Lloret, a espaldas de ese mar que, esta vez sí, mucho más que sol y playa, nos lo ha dado, casi todo.

Impresionantes vistas desde el castillo de Sant Joan. Lloret Turisme