Reportatge a la revista Condé Nast Traveler de Carme Escales. ’48 horas en Lloret de Mar’.

La capital de la Costa Brava es un traje reversible. De su playa cubierta de toallas en verano, y bullicio en sus calles, pasamos a un invierno de calma, agradables paseos junto al mar y el relato de su fascinante pasado.

Todo lugar de costa, pueblos pesqueros, playas tan deseadas para desahogar la canícula, son, en invierno, una inteligente elección, una alternativa con premio. Siempre, con vistas al mar. En esa Costa Brava de veranos de ritmo acelerado, hay en invierno otro mundo por descubrir. Las 48 horas que pasaremos en la población de Lloret de Mar nos pedirán salir en busca de muchos más destinos de mar en esos inviernos que destapan el alma, lo más auténtico de cada lugar. Pero este, veréis, esconde además un pasado fascinante.

El abundante laurel (llorer en catalán) que había en todo su entorno nos da la primera pista sobre el origen del nombre de Lloret, inseparable del Mar. Cuando conozcamos su historia, lo entenderemos todo.

Idílicas vistas del mar desde lo alto de Lloret de Mar.

Idílicas vistas del mar desde lo alto de Lloret de Mar. Lloret Turisme

Viernes tarde

Desconexión. Dejamos atrás la tensión de toda la semana para relajarnos frente al mar. Ese mar Mediterráneo que incluso podemos contemplar desde una acogedora habitación de hotel como las del Melià que, ubicado en la parte alta de Lloret, nos concede una excelente perspectiva. Y los chorros de agua en la piscina de su Spa, su sauna y su espacio bienestar donde rendirse a un masaje, sus jardines y restaurantes hacen de él una muy buena elección.

Opciones para alojarse en Lloret no faltan. Es sorprendente su cantidad de plazas hoteleras, y desde muchos de sus alojamientos, como el Marsol o el GHT Miratge, se puede disfrutar de esa vista sobre el mar. Ahora en invierno, solo hay que asegurarse que, en ciertas fechas, no estén haciendo su descanso anual.

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